El embrión, devaluado

 

El Gobierno inglés ha aceptado el texto del llamado Informe Donaldson, elaborado por un grupo de expertos para aconsejar sobre el posible empleo de la técnica  de clonación que se suele denominar "terapéutica". La técnica en cuestión consiste, en primer lugar, en la producción de embriones genéticamente idénticos a las  células del paciente, por transferencia nuclear de un núcleo de una de sus células a un óvulo maduro donado por una mujer al que previamente se ha extraído el  núcleo. Posteriormente, tras unos días de cultivo in vitro, se disecan los tejidos del embrión para obtener las llamadas stem cells (células madre o progenitoras).  Éstas deberían ser cultivadas y diferenciadas en el laboratorio, hasta obtener cultivos de células que, trasplantados al paciente, deberían de integrarse con sus tejidos  enfermos para reparar las lesiones.

Además de la obtención de stem cells para el tratamiento de enfermedades degenerativas, el informe también contempla la posibilidad de emplear el procedimiento  para permitir que nacieran niños sin enfermedades derivadas de defectos de las mitocondrias, organelas celulares que transmiten su información genética con  independencia del genoma principal de la célula, aunque en el informe, esta utilidad ocupa un lugar claramente secundario, y no implicaría la realización de una  clonación propiamente dicha.

 

Argumentación del Informe

Llama poderosamente la atención el modo de argumentar del informe. Inicialmente admite que, con respecto a la manipulación de embriones, existen posturas  antagónicas, desde la que propugna el respeto del embrión, como ser humano en sus primeros momentos de desarrollo, hasta la que argumenta que se trata de  simples células, que pueden ser utilizadas sin más preocupaciones.

Sin embargo, a la hora de redactar sus recomendaciones, esto sólo se refleja en la afirmación de que la clonación y la investigación subsiguiente sólo debe  emprenderse si existen perspectivas serias de beneficio para los enfermos. Dicho con otros términos: independientemente de si una entidad, el embrión, es o no un  ser humano, se concluye que se la puede sacrificar si existe un interés importante por parte de terceros en los resultados de dicho sacrificio. En buen lógica, sin  embargo, estos presupuestos deberían haber llevado a adoptar una postura prudente de moratoria, tal como se ha hecho en Estados Unidos.

 

Carrera científica y rentabilidad económica

¿Por qué entonces esta recomendación permisiva? Da la impresión de que los autores del informe desean que el Reino Unido se ponga en cabeza en la carrera de  investigación sobre células progenitoras que, dicho sea de paso, promete ser muy rentable económicamente si las cuentas que se echan se convierten en realidad.  Por otra parte, resulta chocante que, antes de reunirse para elaborar el informe, se supiera públicamente que once de los catorce miembros del comité elaborador  eran partidarios de permitir la clonación "terapéutica". ¿No debería haberse nombrado, más bien, un comité imparcial, equilibrado en sus pareceres, en que hubieran  tenido un peso razonable los defensores de otras posturas?

De todos modos, al médico de a pie la cuestión le queda muy lejana: supongo que hubiera preferido que, en vez de dedicarse a permitir destruir embriones, ya tan  devaluados por la práctica de producirlos en número excesivo en la fecundación in vitro, las autoridades hubieran dedicado recursos a medidas sanitarias que  podrían salvar muchas más vidas con un esfuerzo incomparablemente menor. Baste mencionar cuestiones como la lucha contra la malaria o la lepra. En comparación  con medidas encaminadas a fines sanitarios más amplios, la clonación "terapéutica" es un dispendio para el beneficio de un solo enfermo.

Por otra parte, el propio informe reconoce que las promesas de los cultivos de células progenitoras son, por el momento, y durante algunos años al menos, sólo eso:  promesas. Si no se sabe si llegará a buen puerto la mera clonación, mucho menos la elaboración de cultivos y su integración adecuada en el enfermo. La sospecha  de cualquier biólogo es que una manipulación tal de las células es difícil que no las afecte de forma seria; de hecho, en los animales obtenidos por clonación ya se  han observado problemas de salud, en algunos casos muy serios. ¿No sería más razonable estudiar con más detenimiento la cuestión en animales antes de pasar al  hombre?

 

No es la única alternativa

Podría argumentarse que estas trabas son una auténtica crueldad para los enfermos que podrían ver mejorada su salud con las técnicas de inyección de cultivos  derivados de células progenitoras, y que debe permitirse su producción. Pero este argumento es válido sólo si la producción y sacrificio de embriones clonados  fuera la única alternativa para la producción de cultivos de células progenitoras. El hecho es que dichas células existen también en el organismo humano adulto, del  que se pueden extraer, y también, en teoría, manipular para obtener los mismos resultados. El informe, sin embargo, se inclina por la utilización de las células  provenientes de embriones porque existe la sospecha de que probablemente será más factible obtener de ellas todo tipo de tejidos. Una conjetura científica, erigida  en árbitro, decide sobre la suerte de los seres humanos embrionarios.

El informe incluye entre sus recomendaciones la prohibición de la reproducción por clonación. Parece que quiere así quitar los miedos que despierta la novela Un  mundo feliz. Pero no parece darse cuenta de que el daño ya está causado, creando en la sociedad una indiferencia hacia el embrión humano en sus primeros  momentos de vida, como si la vida humana fuera un fenómeno meramente biológico, que se puede manipular si interesa para conseguir otros fines.

 

                                                                                                             Antonio Pardo

                                                                       Profesor de Bioética de la Universidad de Navarra

 

in Aceprensa, www.aceprensa.com